lunes, 6 de abril de 2026

Sobrevivir al Paraíso: Más allá de los Testigos de Jehová

Me produce fascinación aquellos experimentos sociales donde personas de toda condición, se reúnen en nombre de un sistema de creencias que a ciencia cierta no saben ni que existe. Seguramente, lo llaman fe.

No quita que esté a favor de cualquier reunión o asociación de individuos que se apoyen unos a otros si el objetivo es dar calma, tanto espiritualmente como psicológicamente. No tengo ningún problema que la gente vaya a la iglesia los domingos para hacer comunidad o que se interprete, muchas veces por necesidad, que hay algo más a parte de lo terrenal. Quién soy yo para juzgar, si el creer en “algo” del más allá va a provocar un alivio en la pérdida de un hijo o si esa señora que ha perdido a su marido tiene el consuelo a través de su Dios. Todo lo contrario. Lo apoyo y lo respeto. El problema reside cuando lo terrenal se aprovecha de lo divino para manipular y tergiversar desgracias ajenas. Y aquí "presuntamente" entra el documental 'Sobrevivir al paraíso: más allá de los Testigos de Jehová' presentado por HBO.

No dispongo de altos conocimientos sobre esta asociación pero sí que poseo algo maravilloso que es el sentido común. Como seguro que ha tenido usted, he tenido varios encuentros fortuitos con varios seguidores y captadores de tal congregación. Mi trato siempre ha sido exquisito porque no tengo problema en ahuyentarlos con educación y tengo que decir que siempre me han tratado con respeto. He vivido grandes momentos como el “vente con nosotros que jugamos a fútbol todos los días” o el clásico “¿pero no quieres saber a dónde vas después de morir?”.

Frases captadoras de esta índole, no han dilucidado quién decidió ese maravilloso outfit de camisa de manga corta y corbata. Otros datos curiosos es que su publicación Atalaya es la revista con mayor circulación del mundo y actualmente, existen más de 9 millones de testigos de Jehová. No es un tema sin importancia ya que imágenes del aforo completo en una de sus asambleas, donde llenaban el estadio Vicente Calderón (Aka Wanda Metropolitano), hacen reflexionar al menos creyente.

El documental es una miniserie de tres capítulos y está basado en un pódcast de ABC sobre los Testigos de Jehová. El documental es potente cuando aparecen las víctimas e impresionan sus fotografías hechas dentro de la congregación que no dejan ningún tipo de duda. El problema surge con el montaje que es pretencioso a más no poder. Esos zooms a cámara lenta en el rostro de las víctimas intercaladas con cromas con el cielo de fondo, le dan un toque ridículamente emotivo. Además, aparecen unas recreaciones con actores que visten unas máscaras diabólicas, al más puro estilo “Eyes Wide Shut”, que obligan al espectador a olvidar esas escenas para que los testimonios no pierdan credibilidad.

En el tercer capítulo veremos como los testigos de Jehová denuncian a la asociación de víctimas por vulnerar su honor y se transmite el juicio dejando en el aire si se prohíbe o no esta asociación. Lo dejan con el misterio. Sin embargo, antes de ofrecer la resolución del juicio, aparece el presidente de la asociación con el rótulo de su cargo que va del 2019 a la actualidad. A la actualidad. No tienes que esperar nada porque ya te han ofrecido la sentencia gracias a un spoiler involuntario. Sé que es hilar fino porque era evidente pero hay que controlar ciertos detalles.

El documental nos muestra el abandono y la expulsión de sus integrantes y el trauma que les genera perderlo todo. En muchas ocasiones, (en su mayoría) son los propios padres quién cortan lazos con sus hijos. Pierden a sus amigos, sus padres, su familia, su mundo y muchos expulsados intentan volver al redil por necesidad. También, me impresiona que no celebren la Navidad ni los cumpleaños. Muy loco todo.

 


Otra curiosidad es el control férreo de la cúpula de la congregación por parte de los denominados ancianos. Estos líderes perpetran juicios paralelos donde deciden el destino de sus feligreses. Como viene siendo habitual en este tipo de entornos, cualquier “denuncia” de tipo sexual o abuso era desestimada bajo la amenaza del Armageddon. Este término era clave para mantener a raya a sus integrantes ya que eran amenazados con no sobrevivir a la caída del meteorito. Usted, querido lector, si no es testigo de Jehová, siento decirle de que no se salvará, infiel mundano.

El problema del documental está en la variedad de las víctimas entrevistadas. El 90% de los testigos del documental son de condición homosexual o transexual y el spoiler está asegurado. ¿Qué religión o secta respeta esta condición? ¿El islam? ¿El cristianismo? Dejad que me ría. Existen casos donde tampoco hace falta que se comulgue en cualquier religión para que una familia no vea con buenos ojos a un familiar homosexual. Aunque cueste, aún existen individuos que hace poco salieron de las cavernas y no es un aspecto característico solamente de los Testigos de Jehová.


Sí que me parece más interesante cuando se ahonda en los abusos de todo tipo como en la depresión que genera la expulsión del rebaño de algún miembro. El documental muestra muy bien las cacerías y los chivatos que pululaban por la organización, al más puro estilo el tercer Reich, para alertar a los ancianos si alguien era infiel a su pareja o si procuraba dañar a la entidad.

Como he opinado al inicio del escrito, respeto cualquier tipo de asociación donde no se dañe al prójimo pero los testigos de Jehová tienen una cualidad que me indigna en lo más profundo de mi ser: Las transfusiones de sangre. Hecho prohibido al relacionarlo con el canibalismo que sacan de una frase escrita interpretada al gusto. No concibo la muerte de un hijo o un familiar por convicción religiosa. Me saca de mis casillas. Es más, el documental muestra que esta congregación en la portada de una de sus publicaciones pusieron el rostro de tres niños “fallecidos” para demostrar con orgullo como sus feligreses se sacrificaban en nombre de su fe. En fin, que me caliento.

En resumen, un documental interesante con varios testimonios y una hemeroteca muy buena pero con un montaje infantil. Un abrazo.





3 comentarios:

Disparatado Treintañero dijo...

Mi padrino está en los Testigos de Jehová desde principios de los 90. A raíz de una lesión grave de rodilla, la temida triada, tuvo que dejar el fútbol, en el equipo de la empresa donde estaban mi padre y él, estuvo un año largo de baja y les captaron a su mujer y él.
Sé que siguen ellos dos y el hijo mayor, ya que al pequeño le dieron la espalda tanto en su familia como en su comunidad porque es...homosexual. Una pena.
Perdimos el contacto cuando murió mi padre, en el 2019.

P.D: En mi barrio están ellos, los católicos tradicionales y los mormones. No tienen nada que hacer conmigo. Creo en Michael Jordan. jaja

Edu Wallace dijo...

Jaja... Sé que tu Dios es Michael. Parece que el "modus operandi" de esta congregación (o es una casualidad) es la captación del personal que justamente se encuentra en horas bajas y después quedan absolutamente atrapados. Y el tema de la homosexualidad es un escollo para cualquier religión, algo vergonzoso en nuestros días y donde realmente se tiran piedras en su propio tejado. Están perdiendo devotos por idiotez. En fin. Un abrazo crack.

Disparatado Treintañero dijo...

Tenían una segunda vivienda, una casa en un pueblo de la vecina provincia de Guadalajara, y cuando mi padrino se jubiló vendieron el piso para mudarse allí de manera definitiva. En esa zona viven otros miembros de su congregación. Llevo sin verles más de diez años (mi padre murió en el 2010, lo puse mal en el anterior mensaje). :(