domingo, 8 de marzo de 2026

Las “chapas” del cine español actual.



Estas son algunas películas del cine patrio que hemos visto durante los últimos años. Expongo algunas sinopsis:

Sorda. Ángela, una mujer sorda, va a tener un bebé con Héctor, su pareja oyente. El embarazo hace aflorar sus miedos frente la maternidad y sobre cómo podrá comunicarse con su hija. 

Mamífera. Lola disfruta de una vida feliz con su pareja, Bruno, hasta que un embarazo inesperado revoluciona todos sus planes. Aunque Lola siempre ha tenido claro que lo de ser madre no va con ella, ahora se siente cuestionada por las expectativas sociales y se enfrenta a sus temores internos.

Maspalomas. Tras romper con su pareja, Vicente, un hombre homosexual de 76 años, lleva la vida que le gusta en Maspalomas: su día a día lo pasa tumbado al sol, de fiesta y buscando el placer. Un accidente inesperado le obliga a regresar a San Sebastián y tendrá que vivir en una residencia donde se verá empujado a volver al armario.

Romería. Marina viaja a Vigo para conocer a la familia de su padre biológico, que murió de sida, al igual que su madre. De esta forma, inventa un cuento, gracias al diario de su madre, que la libera del estigma que su familia.


O la sorprendente 9 Lunas. Ángel es un joven y atractivo entrenador personal al que le sonríe la vida. Tras un año sabático, acaba de ser contratado por el mejor gimnasio de la ciudad, y todo parece ir sobre ruedas pero su mundo da un vuelco cuando empieza a sentirse mal. Acude al hospital y recibe una noticia inesperada: está embarazado. Y es que, en realidad, Ángel es un hombre trans al que sólo le faltaba un último paso para completar su transición y ahora deberá enfrentarse a una decisión que pondrá a prueba su identidad, sus sueños y la forma en que entiende su propia masculinidad.


Schwarzenegger ya abrió ese melón con Junior en 1994. Quitando el cachondeo lógico, no juzgo la calidad de estas películas, es más, me gustó mucho Cinco Lobitos de Alauda Ruiz pero hay una sobresaturación de cine social que ahuyenta al espectador promedio. Da la sensación que son películas enfocadas en la moralina de turno para ganarse ovaciones en ciertos certámenes donde se premia la ideología, la política y la tontería. Y sobre todo se ofrece mucha chapa, tanto en el accesorio como en lo intangible. El cine español posee aspectos magníficos pero su imagen actual es muy negativa y debe desvincularse de la política por supervivencia.



Y en lo más profundo de mi ser, no les culpo. Para cumplir el "check list" de requisitos obligatorios para poder optar a una subvención, tienen que tocar el tema de lo social. En resumen, tienen que dar la chapa en según qué cuestión que esté de moda porque nuestro sistema de subvenciones es endogámico. Este funcionamiento propicia que la creatividad sea más rígida.

No dudo que el cine sea una buena herramienta para visibilizar problemáticas sociales pero la repetición de estas narrativas causan una fatiga en el espectador que evitará su acceso a la butaca. Un crítico comentaba que en un festival sólo proyectaban películas donde el protagonista iba a morir de enfermedad. A la décima película ya le entró la risa. Todo era: “¡Mira! un niño en un columpio”, sí, pero tiene cáncer y así todo el certamen.


Desgraciadamente no es un aspecto intrínseco del cine español sino coetáneo del cine europeo y tenemos que pasar página con premura. Hemos perdido aquel arranque maravilloso del siglo XXI con Isla Mínima, REC, Orfanato, Celda 211, 8 Apellidos Vascos, As Bestas y todos los thrillers de Oriol Paulo (Contratiempo, el Cuerpo, los Renglones torcidos de Dios..). Hasta la trilogía del Baztán me parece buena aún teniendo unos diálogos lamentables. Y no quiero dejarme al maestro Álex de la Iglesia con Perfectos Desconocidos o el Bar.

El cine español ha olvidado el thriller, el suspense, el terror o la investigación criminal. Ahora se centran en temáticas como la salud mental, la sensibilización social, la inclusión y las causas ideológicas de turno. Está demostrado que la comedia o el thriller obtienen mejores resultados en taquilla pero los recursos públicos van dirigidos a películas sociales. 

El señor Juanma Bajo Ulloa, el director de Airbag, decía que los artistas ya no muestran su alma sino que dan soflamas. Y es triste. También afirmaba lo siguiente gracias al grado de favor de la adjudicación de subvenciones al género femenino: “Antes no poníamos en duda a nuestras compañeras cineastas, ahora ya no importa el mérito sino la condición”.

La conexión del auge del cine social con el aumento de directoras no es una coincidencia y puede originar un peligroso discurso de falta de creatividad. Y no sería cierto.

Grandes directoras han triunfado por el mundo con sus obras y hay ejemplos a cascoporro. Mimi Leder (Deep Impact), Lynne Ramsay (Tenemos que hablar de Kevin), Patty Jenkins (Wonder Woman), Mary Harron (American Psycho), Greta Herwig (Barbie) o mi favorita Kahtryn Bigelow. Ver la filmografía de esta señora es un escándalo (Días extraños, K19 Widowmaker, La noche más oscura o Le llaman Bodhi entre otras). Y esta calidad de cine dirigido por mujeres no es algo del pasado. Ahí está la señora Coralie Fargeat con la magnífica la Sustancia, que aunque el mensaje sea una crítica social sobre la imagen, está dirigida con tal originalidad que el tema social queda en un segundo plano.

En resumen, por favor, dejad de saturar el mercado con guiones sobre el amor de un campesine mientras se relaja aprovechando el barbecho o lo difícil que fue ser un therian durante la etapa del franquismo. Necesitamos un poco de evasión, cine de entretenimiento. Es sencillo y el cine español es muy capaz. Un abrazo.



sábado, 14 de febrero de 2026

Creep (2004)



Echaba de menos esas películas de terror de hora y veinte que no te dejan respirar y Creep aprieta y también ahoga. Una de esas reliquias que quedan escondidas en los catálogos streaming y que hace mucha ilusión encontrar. No confundir su título con la genial Creep del 2014, otra joya independiente que recomiendo encarecidamente. Se podría afirmar que después del año 2000, el cine de terror británico pegó unos buenos pelotazos con ejemplos como The Descent (2005), 28 días después (2002) o la susodicha Creep.

Creep trata de una joven que sale de una fiesta y decide desplazarse en metro. Se sienta en el andén porque aún quedan unos minutos para que venga el último tren pero Kate se queda dormida y lo pierde. La estación cierra sus puertas y ella queda atrapada y olvidada en el subsuelo. En ese mundo subterráneo, conocerá al personal habitual y pintoresco que habita pero hay algo más. Hay un asesino terrorífico en los túneles que la acecha. Kate, además de buscar una salida también tendrá que sobrevivir.



Creep es una película británica rodada en el metro de Londres que desde el inicio, proyecta una sensación de claustrofobia y de pánico bastante contundente. Un tren del horror donde sus pasajeros son la sangre, las deformidades y alguna escena pasada de rosca. Realmente sólo hay una y es cuando nuestro monstruo se cree cirujano. Un ser “creepy” que no se ve, sólo se escucha en la mitad del metraje.

La cinta se inicia con unos fotogramas de persecución y escuchamos gritos de dolor malrolleros que invitan al espectador a no coger ese mismo tren. Además de las angustiosas persecuciones subterráneas, aparece un perrete que a un servidor tuvo en tensión toda la cinta. Ya avanzo que si le hubiera pasado algo al can, no hubiera escrito nada sobre esta película. Es un spoiler necesario. También trabajaron con otro animal. Unas agradables ratas que llevaban en cubos y que soltaron por el set. La sangre de la película estaba hecha con azúcar lo que propició que fuera una fiesta para los roedores.



Las valoraciones de Creep son vergonzosamente bajas en las webs de turno, lo cual bajo mi punto de vista, es una película infravalorada. Realmente, no hizo mucho ruido en su estreno y no captó la atención del espectador gracias a diversos factores. Por ejemplo, estaba dirigida por un director novel, el bajo presupuesto y los tintes de serie B que refleja la cinta. Sin embargo, no la excluye de que tenga buen ritmo.

Era la primera película que dirigía Christopher Smith del cual sólo conozco de su filmografía Black Death de Sean Bean y Clarice Van Houten. Una película extraña situada en la edad media donde su sociedad estaba asolada por la peste y el personaje de Sean Bean muere desmembrado. Esto último era lo menos extraño de la película ya que es un clásico que perezca este señor en cualquier lado.



La acción de Creep recae sobre una actriz alemana que en aquellos tiempos fue la más taquillera del país teutón y es poseedora de un apellido muy sugerente. Su nombre es Franka Potente y acababa de rodar el caso Bourne. La actriz sufrió diversas desgracias en el rodaje. En una escena, una cámara bastante pesada que se desplazaba por unos raíles casi aplasta a nuestra protagonista. La actriz, al ver que podía ser arrollada por la cámara, se lanzó fuera de las vías para evitar que la chafara. También, tuvo que ser operada de apendicitis en mitad del rodaje ya que ese pequeño saco estaba a punto de reventar.



Sin embargo, el actor más relevante, y que no aparece en ningún extra, es Sean Harris. Este actor británico, lo hemos visto en Prometheus y como villano en la saga Misión Imposible. En Creep está irreconocible ya que le ataviaban con unas prótesis para reflejar un ente deforme. Es más, la protagonista nunca vio al actor de verdad y sólo lo conoció en la fiesta de despedida. Sean Harris evitaba coincidir con el resto del reparto para que su personaje fuera más convincente. El actor interpreta a una criatura absolutamente deshumanizada y se explica su origen de forma poco inspirada, la verdad. Te muestran cuatro fotografías colgadas donde se ve al deforme en un laboratorio. El resto de la historia se la inventa usted mismo.



Creep se rodó en una estación de metro abandonada y de las más profundas de Londres pero no evitó que su campaña publicitaria dentro de las estaciones fuera prohibida. Daba mala imagen insinuar que un ser extraño te iba a asesinar en el metro con nocturnidad y alevosía. No, gracias. El director aprovechó los kilométricos y oscuros túneles para realizar planos largos recordando (según él) a escenas de la película de John Landis, Un hombre lobo americano en Londres.



Además, subyace un mensaje muy interesante al final de la película. El personaje de Kate es insoportable y altivo y la vemos como le recrimina a un sintecho que para qué le pide monedas al lado de un cajero si sólo da billetes. Al final de la película y después de arrastrarse por las sucias alcantarillas toda la noche, Kate tiene una pinta lamentable y propiciará que le dejen limosna causando la risa floja de la protagonista. No menosprecies que la vida da muchas vueltas.


En conclusión, si te atrae el terror en cualquier forma, Creep vale la pena pero si no te gusta ese género, puedes obviarla y volver a disfrutar de Barbie que eso sí que da miedo.
Un abrazo.