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sábado, 10 de octubre de 2026

Midori: La niña de las Camelias (1992)


Quiero dejar claro de antemano que esto no es una recomendación, simplemente es una anécdota de que existe esta película. Por este motivo, voy a spoilear a lo bruto porque no tengo ninguna intención de que el lector se acerque a esta obra. Esta película se titula Midori: La niña de las Camelias y dura apenas 50 minutos. Y lo que más me interesa de este mediometraje es su continente (su censura) y no el contenido, por tanto no me voy a recrear en lo atroz de las imágenes.


Huelga decir que mi relación con la filmografía asiática es bastante inestable. Adoro las series míticas de Akira Toriyama y todo aquello que me acompañó en mi infancia como Oliver y Benji, Heidi, etc pero tengo muchas dificultades para conectar, por ejemplo, con las películas del Studio Ghibli. Entiendo que estoy muy occidentalizado o que lo japonés y alrededores me parece exageradamente surrealista y estridente. Supongo que un poco de ambos. Aun así, es un contenido que me produce mucha curiosidad y hace poco, visioné Uzumaki, una ida de olla con espirales que tela marinera.

Conocí el mediometraje de Midori a través de un short de un tarado por una red social y ya me lancé de cabeza a sufrir. Por muy violenta que parezca Midori, la niña de las Camelias, se puede encontrar por Youtube pero suele durar muy poco en la plataforma. Un servidor la encontró por otros derroteros sin censura y con subtítulos en castellano pero en mi cometido me he llevado más de un troyano. Y sin más dilación, comencemos con su amable sinopsis:

Midori es una niña que vende flores en un barrio de mala muerte y necesita el dinero para mantener a su madre que está gravemente enferma. De repente, un señor se le acerca y se ofrece para darle cobijo en su circo. Midori no tiene nada que perder porque al llegar a casa descubre que su madre ha fallecido y ya le están comiendo las ratas. No es una frase hecha... le comen las ratas.

Midori, ya huérfana, llega al circo ambulante con ilusión y en ese lugar, conocerá a un variopinto grupo de monstruos de feria donde será maltratada y abusada por estos personajes con habilidades especiales. Es tanta la crueldad que Midori piensa en quitarse la vida durante su estancia. Sin embargo, el circo recibe la visita de un enano que tiene la particularidad de meterse dentro de una diminuta botella y su atracción salva al circo de la bancarrota. El enano trata a Midori con respeto y cariño y acaban enamorándose locamente.

Sin embargo, el enano en una actuación entra en cólera con el público y los empieza a transformar en seres deformes gracias a sus poderes psíquicos. En vista de la polémica, Midori y el pigmeo se marchan del circo para comenzar una nueva vida juntos. Ella está muy ilusionada porque por fin acaricia la felicidad que le fue negada. Sin embargo, el pequeño novio de Midori es asesinado en un atraco mientras iba a comprar unas manzanas. Finalmente, Midori queda traumada y sufre una alucinación mental que se le repite en bucle. La niña ya no podrá escapar de su locura.


Película y origen:

Salvando las distancias, Midori la niña de las Camelias sigue la tónica de la Tumba de las Luciérnagas del Studio Ghibli: cuando todo va mal, puede ir peor.

Midori, la niña de las camelias es una cinta con sexo explícito, violencia animal, violaciones, abusos y parafilias raras como, por ejemplo, lamer un ojo. Sin embargo, para nuestra salud mental, todo pasa muy rápido y tampoco la película se recrea en exceso en las escenas más controvertidas. Todo se transmite con cierta naturalidad y antes de que nos pongamos las manos en la cabeza, hay que razonar el contexto, la época en la que se sitúa la obra (finales del siglo XIX) y la sociedad del país que la edita, por muy execrable que nos parezca.

El origen primigenio de la película proviene de un inocente cuento titulado Shōjo Tsubaki de un tal Naniwa Seiun donde Midori era secuestrada por unos traficantes que la obligan a trabajar en una especie de cabaret. Al final del cuento, sus padres la rescatan y viven felices para siempre. En aquellos tiempos, esta obra se interpretaba en espectáculos ambulantes llamados Kamishibai (teatro de papel) que consistían en que el narrador deslizaba láminas de papel por una ranura mientras recitaba el cuento. Se podría decir que fue el primer powerpoint de la historia. Y de este punto de partida, ya nos vamos a la libre interpretación que Suehiro Maruo mutó para su manga.

 


La película es “un copiar y pegar” de un manga del 1984 escrito por el autor, nacido en Nagasaki, llamado Suehiro Maruo que se especializó en el género ero-guro. ¿Qué es ero-guro? Proviene del amalgama del erotismo y lo grotesco. Ya os lo podéis imaginar. Un arte depravado lleno de excesos. El manga cosechó un éxito de culto y provocó un interés en el cineasta Hiroshi Harada que luchó para llevar esta obra a la gran pantalla. Y este fue el origen de su calvario.

Censura:

¿Pero por qué tanto revuelo?

Había un pequeño detalle con nuestra protagonista: Midori tenía sólo 12 años. La niña es torturada y abusada y lo más bonito que le sucede es enamorarse de un hombre con acondroplasia que debe acercarse a los 50 años.


Ningún estudio quiso producir o aportar capital para financiar esta obra y no le quedó otra al señor Hiroshi Harada que autofinanciarse. La realidad es que el manga original ya ahuyentaba a los inversores. Sin embargo, tuvo la suerte de obtener apoyo económico de diversas organizaciones como grupos de estudios de documentales independientes o de clubs de sadomasoquismo que ayudaron mínimamente a sufragar gastos. Esta pequeña solidaridad no evitó que Harada se quedara solo elaborando la animación de la película. El director llegó a dibujar 5.000 planos y tardó cinco años en finalizar su proyecto.

El cineasta plasmó cada viñeta de maltrato en la película ya que el mismo director sufrió bullying en el colegio y necesitaba transmitir esa rabia y dolor a través de Midori. La verdad que escuchándolo en alguna entrevista se puede vislumbrar que ese trauma del pasado no ha desaparecido. El resultado técnico de la película es bastante pobre y provoca que su contenido explícito pierda bastante fuelle. Realmente se trata de una animación sin animación donde mucho metraje es una imagen fija o con fotogramas con movimientos muy limitados.

En Japón, la película se proyectó clandestinamente pero no evitó que el gobierno japonés instase a Harada a realizar unos pequeños recortes dada la crudeza de las escenas. Aquellas proyecciones iniciales fueron las únicas que se emitieron con la totalidad de metraje ya que después se eliminaron. Estos recortes seguían sin convencer a las autoridades japonesas y ordenaron incautar todas las copias y destruir cualquier atisbo de Midori a principios de los años 90. Es más, en Europa se proyectó la película con total tolerancia pero el problema real residía en el país de origen de la obra, en Japón. Ante la destrucción de cualquier copia de la película, Hiroshi Harada se guardó una copia doméstica para evitar que la película no desapareciera de la faz de la tierra pero estaba tan cabreado que no quiso emitirla más.

“Sólo 14 años después”, se editó un DVD con una calidad de imagen bastante lamentable. Sin embargo, toda la mala suerte que tuvo el director Harada durante estos años, se difuminó en 2013 con el descubrimiento del negativo original en la trastienda de un almacén de la empresa IMAGICA. Este hallazgo permitió el relanzamiento de la película en HD por allá en el 2020.

Valoración personal:

Las vueltas que ha dado esta película. A finales de los 80 nadie quería financiar este esperpento y tenemos que esperar hasta el 2020 para obtener una versión de calidad aceptable gracias a un descubrimiento fortuito. Sin duda, estamos ante una película maldita.

Como suele suceder en estos casos, Midori la niña de las Camelias se convirtió en material perseguido por coleccionistas y frikis varios. Hablando de freaks, esta obra bebe claramente de aquella visionaria y también censurada, “Freaks” de Tod Browning donde uno de los personajes es idéntico al mítico hombre oruga. 


Para más inri, se llegó a realizar un “live action” de Midori en 2016 pero es cutre hasta las trancas y está absolutamente edulcorada por motivos obvios.

No quiero finalizar quedándome sólo con lo truculento porque sería una falta de respeto para mí y lo más importante, para el mundo otaku. Aunque sea una historia macabra y surrealista, está bien construida y su final ambiguo plantea al espectador si Midori ha quedado presa en su locura. En la escena final, vemos a Midori corriendo por las calles pero siempre regresa al mismo punto de partida. Ha perdido todo anclaje con la realidad y ya no tiene escapatoria. Un final psicológico con detalles como que cada vez que pasa por un punto en concreto estornuda el mismo campesino. Este ejemplo refleja que Midori sufre un colapso mental a raíz del trauma y yo también porque he tenido que ver esta película con detalle para poder hacer este escrito.

Un abrazo y nos vemos.