domingo, 23 de agosto de 2026

Retroceder nunca, rendirse jamás (1986)

 

Dentro del ámbito de las pelis de las artes marciales, Retroceder nunca, rendirse jamás fue un clásico de los 80 muy querido y motivó a muchos jóvenes a no quedarse en casa comiendo Tigretones y a salir a hacer deporte. Eran tiempos donde la meritocracia estaba bien vista y esta cinta fue un ejemplo de que si perseverabas en tu empeño, podías partirle la cara a los abusones y podías derrotar a un soviético sin escrúpulos.

Es una película no apta para todos los públicos por su acabado pero tiene un valor nostálgico incalculable y un olor a videoclub que rezuma lágrima. La cinta es una mezcla entre Karate Kid y Rocky IV y estas claras referencias no evitaron que en muchos países se titulara Karate Tiger por su parecido con la película de Daniel San. La crítica fue bastante feroz pero como suele suceder en estos casos, el tiempo la ha catapultado al rango “de culto”. Lo más llamativo de Retroceder nunca, rendirse jamás es la participación de un novato Juan Claudio Van Damme, que dejando de banda sus interpretaciones de karateca gay y de bailarín ridículo en Breakdance de 1984, podríamos considerar que ésta es su primera película. Retroceder nunca, rendirse jamás generó secuelas sin ningún actor de la original pero con el mismo director. Este hecho también se repitió en sagas clásicas de hostias como Kickboxer, Guerrero americano o Campeón de Campeones con continuaciones bastante humildes por ser amable.

 


Sorprendentemente, dispongo de su versión física absolutamente maravillosa. Se editó en formato Blu-ray con caja metalizada y en la portada y contraportada están dibujados sus personajes en un curioso relieve. Al abrir la caja encontraremos unas buenas postales con imágenes de la película, reflejando el cariño y el mimo con el que han hecho su formato físico para una película que la conocían dos vecinos.


El blu-ray contiene una restauración de imagen y de sonido excelente pero no llevo bien su “redoblaje”. Ni en esta película ni en ninguna otra. Por suerte, incluye la versión de cine con aquellas manchas antiguas del celuloide y con su doblaje original que es con el que te quedas cuando eres chaval.

Entre la versión restaurada y la versión cinematográfica hay diferencias sorprendentes porque no tienen ningún sentido. Sobre todo en la nueva versión, donde se cargan todo el inicio del protagonista con su novia y cuando se encuentran en mitad de la película, te preguntas cuando este señor tenía pareja. Ya sabéis... falta aquel montaje clásico “videoclipero” con música ochentera mientras la pareja ríe en un parque de atracciones, comen algodón de azúcar y se suben a una noria como sí aparecía en su versión original.

También el nuevo doblaje ha propiciado que se haya eliminado toda la jerga de karate que aparecía en la versión primeriza y han modificado todo su argot. Han cambiado términos como ¡Shita Tsuki! por expresiones vacuas como ¡puñetazo lateral! o ¡golpe central! y me pierde empaque. O por ejemplo, aquel aparato de madera clásico de las artes marciales llamado Muk Yan Jong, en la nueva versión lo llaman muñeco de madera y a pastar. Increíblemente, en su versión restaurada sí que añaden alguna nueva escena insustancial como cuando el padre está en el hospital con la pierna rota. O la inclusión de flashbacks en cada golpe que da el protagonista en el combate final. Se ve que en su momento se prepararon dos versiones con una diferencia de 14 minutos y nosotros sólo vimos la película capada.

Sin embargo, Retroceder nunca, rendirse jamás tiene un detalle especial que marca la diferencia. Recuerdo la película Ninja III: La dominación donde su protagonista era poseída por el espíritu maligno de un ninja que residía en una antigua katana. En Retroceder nunca, rendirse jamás van más lejos y resucitan al espíritu de Bruce Lee para que enseñe artes marciales al protagonista. Con una entrada similar a un cenobita, el artista marcial hongkonés se aparece en forma de espectro ayudando a nuestro protagonista a dar hostias como panes y hallar la venganza que tanto desea. Un Bruce Lee que parece un chino con peluca pero que no  desentona nada si uno se fija en otros secundarios. Por ejemplo, en el presunto campeón de EEUU (Ron Pohnel) que es un cuadro verlo en pantalla.


Sin embargo, ese “chino con peluca” del cual nos mofamos, es en realidad el actor Kim Tai-chung que también fue elegido para ser el doble de Bruce Lee en la película Juego con la Muerte de 1978 ya que el artista marcial falleció durante el rodaje. No me digáis que no es casualidad que el señor Kim Tai-Chung suplante a Bruce Lee en dos ocasiones. Para más inri, este actor coreano no tenía ni papa de inglés y tuvieron que doblarlo para la película.


También me parece curioso que en la película se escuche cinco veces la frase motivante de “Ni retirada, ni rendición” cuando la película es Retroceder nunca, rendirse jamás. ¿En qué quedamos? En la versión original, sí que se pregona el título original.

Sinceramente, los personajes son bastante lamentables pero son agradables a la vista. Es maravilloso cuando el compi de raza negra del protagonista se pone a bailar breakdance y es sustituido por un doble con peluca a lo afro y que encima era de raza blanca. Quitando estos detalles simpáticos, valoro profundamente las coreografías de los combates ya que son resultonas y potentes y a día de hoy, no han perdido fuelle. Y puedo prometer y prometo que los combates que vemos en esta cinta son mucho mejores que los de Karate Kid.

El mérito, en ese aspecto, se lo agradecemos a Jean Claude Van Damme. Hay momentos icónicos como cuando el belga atrapa con las cuerdas del ring a su oponente o cuando utiliza a otro luchador como trampolín para atizar al profesor del gimnasio o su mítica apertura de piernas en el cuadrilátero. Estas escenas ensalzan mucho la película.


Van Damme sólo aparece al principio y al final de la cinta pero desprende carisma por todos sus poros. Un villano de nacionalidad rusa (perdón, soviética) que tiene tres frases en toda la película y para nada me recuerda a Iván Drago. Para nada. A Van Damme, también lo vimos de villano en la fallida Águila Negra de 1988 de la cuál no guardo un gran recuerdo.

Para conseguir el papel, el belga realizó una audición delante de tres chinos como jurado donde tuvo que propinar una serie de golpes al aire. Sin embargo, cuenta Van Damme que uno de los aspirantes al personaje comenzó a propinar puñetazos a dos dedos de distancia de la cara del resto de candidatos demostrando una terrible arrogancia. La justicia divina hizo que los tres chinos del casting pidieran a Van Damme que hiciera sparring con el candidato abusón. Van Damme lo “durmió”, consiguió el papel y le pagaron 250 dólares por su participación.

Otro dato curioso es que el personaje de Van Damme se llama Ivan Krasinski pero en los créditos su nombre aparece como Karl Brezdin. Un nombre que nunca se escucha en ninguna de las versiones y parece más un error de un becario elaborando los créditos finales del film.


Van Damme se metió en un buen lío en esta película que le pasó factura en el futuro. Se contaba que el belga en los ensayos controlaba los golpes hacia sus compañeros de escena. Pero cuando el director gritaba ¡acción!, se le fundían los plomos y golpeaba con violencia. Uno de los afectados fue Timothy Baker, experto en karate y que interpretaba al padre del protagonista. Sufrió tal patada del belga en la ingle que estuvo cinco minutos sin poder levantarse del suelo. El director le pidió a Van Damme que controlara sus golpes pero no hubo manera. En otra escena, una de las patadas que tenía que impactar en el pecho del pobre Timothy Baker, le golpeó en la cara originando un sangrado bucal bastante escandaloso. Este hecho afectó a la película ya que Timothy Baker no quiso rodar más con el belga por desconfianza. También le arreó una buena patada en el rostro al campeón Pete 'Sugarfoot' Cunningham en una escena.


Años más tarde, Van Damme se metió en otro follón con Jackson “Rock” Pinckney rodando la película Cyborg. Jackson “Rock” Pinckney perdió un ojo por un accidente con un cuchillo de goma en una escena con Van Damme. Jackson denunció al belga y Timothy Baker fue a declarar en contra del actor de Timecop por su conducta excesivamente peligrosa en las escenas de contacto. Al final, Van Damme fue condenado a una fuerte multa.

El director de este embrollo es Corey Yuen, un tipo que trabajó con Bruce Lee, Jackie Chan o Jet Li. Aunque como director dude de su profesionalidad viendo como corta cabezas en sus encuadres, como coreógrafo de acción fue uno de los más grandes. Ahí están sus trabajos en Transporter, Arma Letal IV, Romeo debe morir, X-Men y los Mercenarios. El que desapareció del mapa fue su protagonista Kurt McKinney que tenía muchos números para convertirse en una estrella de acción. Sin embargo, salvo su participación en un capítulo de Alf, no me llama la atención el resto de su filmografía. Además me he llevado un pequeño chasco ya que en una de las escenas se ve al protagonista haciendo flexiones con dos dedos y me cautivó en su momento. Pues era falsa. El actor estaba sujeto con un cable que tiraban tres chinos fuera de cámara para que pudiera elevarse. Otra vez los malditos tres chinos.

 


Vosotros sois muy jóvenes pero en la década de los 80 no queríamos ser futbolistas ni astronautas, queríamos ser ninjas. Y los videoclubs eran copados por películas de artes marciales que se alquilaban con desparpajo. Retroceder nunca, rendirse jamás es una película complicada de ver pero estaba dirigida a un público de nicho con ciertas inquietudes que han originado en una versión blu-ray aceptable. La verdad es que le tengo mucho cariño y soy incapaz de suspenderla. Perdonadme.