sábado, 19 de diciembre de 2015

Mi participación en el programa "Juego de Niños" (1989)

 

En estas fechas tan lúdico-festivas siempre viene bien un poco de retrospección, de calidez con la gente y de explicar hazañas personales al lector y lectora, a modo de abuelo del anuncio de Werther's original. 



Corría el año 1989 y contaba con la virginal edad de 7 años, y mis sendos padres, amablemente, me invitaron a participar en el célebre programa de La1 (el primer botón del mando), Juego de Niños. Y cito, me invitaron amablemente porque por mi intervención nos embolsábamos unas 10.000 pesetas que como el lector puede divisar, no vi ni un duro. Se supuso unilateralmente que con mis cortos siete años ya tenía que pagar por mi manutención y estancia con carácter retroactivo. A pesar de todo y a modo de emolumento, me obsequiaron con un aborto de figura llamado gallifante, que era mitad gallo y mitad paquidermo. Mi imaginación hizo el resto con el muñeco y me di por saldado.




Mi premio al esfuerzo
Juego de Niños contó con cuatro presentadores desde el 1989 hasta el 1991. A mí me tocó Ignacio Salas que era aquel que hacía una especie de dupla humorística con Guillermo Summers.


Adelanto que no fui uno de esos agradables infantes que mediante su verborrea pueril debían dar pistas al concursante para adivinar la palabra escondida, sino que hice de azafato, de chico florero o como cita el recibo, de auxiliar artístico. Mi aparición fue igual de escasa que mi memoria pero recuerdo como si fuera ayer cuando tuve que portar un mega gallifante metálico hecho de una aleación de plomo y hierro que pesaba como un muerto. Aparte, dada mi estatura, no alcanzaba la superficie de la mesa, cosa que me obligaba a levantar a plomo (nunca mejor dicho) el aborto de figura a la par que debía mantener el equilibrio al subirme a un peldaño para alcanzar a los concursantes. Un show. Por aquella época no teníamos tantos derechos y gracias a este suceso, sobre todo cuando llueve, me aflora un dolor similar al del codo de tenista. La solución de la productora a tal contratiempo fue la siguiente: empezar a grabar cuando la mitad de la peana del mega gallifante ya estuviera bien apoyada en la mesa y así yo salir airoso físicamente de la permuta. Como veis son estrategias cinematográficas muy al estilo Spielberg.


Qué gracia el "sellaco" de TVE y !con un IRPF de sólo el 10 %.¡

Pero si hay algún momento que a día de hoy, me sigo partiendo el boniato al recordarlo, es aquel en que mi señora madre me sugirió que en la entrega de premios les comunicase a los concursantes una enhorabuena y les lanzase un besito al aire cual Cupido. En el clímax del vídeo se escucha mi voz femenina felicitando a los participantes. Sin embargo lo que mi progenitora no calculó es que podía soltarles una enhorabuena a los concursantes que habían sido derrotados estrepitosamente como así sucedió. Les felicité por perder. Me faltaba acompañar la palabra enhorabuena, con alguna otra, estilo lerdos o inútiles para llenarme de gloria. Sin embargo, todo quedó en la inocencia de un niño y me llevé un Muchas gracias corazón propinado por la bonita actriz Natalia Dicenta; y de milagro no me llevé un beso de esta señora por la altura del puto peldaño antes mencionado. Y me cabrea bastante porque la chica era muy maja.

Conocí a Natalia Dicenta y al mago Magic Andreu. Recuerdo que nos hizo un truco de magia y se pasaba pelotitas de una mano a otra y también las hacía desaparecer. Yo lo flipaba pero le hicimos repetir tantas veces la argucia que un poco más nos hace desaparecer a nosotros del cabreo.



No hace falta mencionar el duro casting que sufrí para llegar a tal cometido. Creo que éramos más de 5.000 niños que luchábamos por el puesto y gracias a mi chispa pude ganar al resto. Es broma¡ ¿que vivimos en Spain? Mi tía conocía a la que llevaba el cotarro y me enchufaron directamente sin pruebas ni leches chafando las ilusiones de otros niños. Como debe ser. ¿Casting? Ja,ja…



Aun así, la señora que nos escogió para azafatos se hizo un Thug Life del bueno porque la azafata femenina se llamaba Edurne. Éramos Edu y Edurne, que cachondos. De esta niña tan agradable, Edurne, nunca más se supo y dudo que sea la de Operación triunfo (sí, seguro). Y por eso, Edurne, si ves el vídeo y te quieres poner en contacto conmigo, no lo hagas, da igual. No sabría que decirte.
Sin más preliminares, llega el momento de mostrar mi estrellato.



Y después de este post muy diferente a lo de siempre, desearos felices fiestas y 
que el año que viene vaya mejor que éste. Aunque creo que lo tiene bastante fácil. Un abrazo.

sábado, 5 de diciembre de 2015

Hellraiser IV: Bloodline (1996)


Hellraiser es un mundo apasionante, intrincado y poseedor de una mitología que hará las delicias de cualquier fan de la ciencia ficción y del terror. Esta obra fue creada por el británico maestro del horror y de la fantasía, Clive Barker, que curiosamente sólo dirigió la primera entrega y ejerció en el resto de la saga como productor o como productor ejecutivo (o sea de nada). La saga consta de nueve secuelas (por ahora) y sólo las cuatro primeras se estrenaron en pantalla grande aunque en Spain esta cuarta entrega sólo llegó en DVD, VHS y Betamax (bueno, en Betamax lo dudo).

Clive Barker y Pinhead con sotana.
Personalmente, la llamada del cenobita y de Pinhead llegó tarde a mi ser ya que el ver como unos demonios despedazaban a sus víctimas mediante ganchos me resultaba de lo más espantoso. Sin embargo, nunca es tarde para desollarse y puedo asegurar que las dos primeras entregas de la saga son obras culmen del terror más oscuro y del gore más romántico.


¿De qué va Hellraiser? Muy breve. Trata sobre la existencia de una caja mágica, que desvelado su puzle, abre las puertas de un infierno donde residen los cenobitas. Éstos se apoderan del alma del emisor para torturarla “sadomásticamente” y proporcionarle un placer extremo mediante el dolor. 
Entre los cenobitas se halla Pinhead, líder de la manada y poseedor de unas agujas que atraviesan su piel hasta el cráneo. Las pelis de Hellraiser provienen de la novela de Clive Barker llamada The Hellbound Heart y en principio las pelis se iban a llamar “los sadomasoquistas de ultratumba” ya que el cuero se hace patente.


Sin duda, otra característica fundamental de la saga es el actor Doug Bradley que encarna a Pinhead en ocho películas, igualando a Robert Englund en interpretar a un personaje de terror por octava vez consecutiva.

Sin embargo, este post se centra por diversos motivos en su cuarta cinta titulada Hellraiser IV: Bloodline (1996). Primero porque sorpresivamente uno de los actos del film se sitúa en el año 2127 y en una nave espacial. Segundo porque nos muestra el origen del cubo y nos presentan a su creador. Tercero porque está dirigida por el gran Alan Smithee lo que es sinónimo de “hostias” y de diferencias creativas. Recordamos que Alan Smithee (anagrama de The Alias Men) se cita cuando los realizadores de dicha obra repudian el resultado final y no desean aparecer en los créditos. Y por último, porque la poseo en DVD gracias a una cagada épica ya que consideraba que se trataba de la primigenia de la saga. Mucho blog de cine pero después no sé ir a comprar.


Sinopsis:

En 2127, unos soldados entran en la estación espacial Minos y encuentran a Paul Merchant (Bruce Ramsay). Paul Merchant explica a una soldado que en la Francia del S. XVIII su familiar directo Phillip Lemarchand fue un reputado juguetero que creó una especie de caja para el duque de L’isle, entusiasta de la nigromancia.



(Flashback al 1796) Lemarchand entrega la caja al duque de L’isle y se marcha. Sin embargo se esconde detrás de un ventanal para espiar al duque y observa cómo éste sacrifica a una prostituta. De repente el duque usa el cubo del juguetero para llamar a un demonio nombrado Angelique (Valentina Vargas) y ésta ocupa el cuerpo de la meretriz asesinada. Lemarchand sale de su escondite para intentar detener al duque pero fallece. Aun así sigue su linaje, su mujer está embarazada.

La encantadora Angelique.
(Otro flashback al canto pero ahora en 1996). El demonio Angelique manipula la caja para llamar a Pinhead y así que le eche un cable. Necesitan encontrar al descendiente directo de la familia Lemarchand, un tal John Merchant (Bruce Ramsay otra vez), para que construya una nueva puerta hacia el infierno que se abra sin precisar el cubo/caja. Sin embargo, John Merchant en sus ratos libres estaba construyendo todo lo contrario y había elaborado un artefacto llamado Elysium que permitiría destruir esa entrada al inframundo. No obstante, el invento de John Merchant sale rana y como regalía es decapitado por Pinhead. Aun así, sigue su linaje ya que su mujer y su hijo logran escapar.

John Merchant y Angelique descargando Torrents.
Volvemos al 2127 y a la estación Minos. Paul Merchant le sigue dando la chapa a la soldado de que ha logrado el perfecto proyecto Elysium. Sin embargo, antes de la charla Merchant había despertado a Pinhead y a sus cenobitas para poder hacerlos estallar dentro de la estación espacial. A partir de este punto comienza una batalla slasher entre cenobitas y soldados. ¿Logrará Paul Merchant, derrotar a Pinhead a sabiendas que su linaje ha sido un fracaso absoluto desde el S. XVIII?


Película y director:

Hellraiser IV: El final de la dinastía sangrienta contaba con una idea principal muy atractiva como era el origen del llamado cubo, caja o configuración del lamento. También nos mostraba el árbol genealógico de su creador (Lemarchand family) y como su linaje intentaba sin éxito destruir el cubo y al magnánimo Pinhead. Su guionista Peter Atkins, usando la idea de Clive Barker de situar la historia en tres épocas diferentes, escribía el mejor guión de la saga pero gracias a elementos ajenos al libreto, tenemos ante nosotros un posible mojón dependiendo por donde se mire. Esta cuarta parte no tenía difícil superar su anterior secuela donde pudimos ver a cenobitas con CD’s incrustados en sus respectivas testas o incluso uno de ellos portaba empotrada una cámara digital en un ojo. Demencial pero divertida. Pero Hellraiser IV no fue así (o asín según valida la RAE).


Hellraiser IV desprende un aire chusco demencial, con unos CGI muy baratos acentuados por la exigencia de situar la acción en un futuro tecnológicamente superior. Tenían el mismo presupuesto que Hellraiser III pero era obvio que este proyecto era más ambicioso y nadie lo supo ver. Nada más empezar el metraje, uno ya masca la tragedia cuando aparece una especie de Terminator que debe con sus manos resolver el puzle del cubo. El robot está fantástico aunque sólo agite la cabeza pero al enfocar sus manos para ver como manipula la caja, se refleja un CGI de ordenador Atari de los 80. Aun así, supieron controlar dicho presupuesto de 4 millones mediante un par de flashbacks de una hora donde la acción se ciñe en la Tierra del siglo XVIII y en la Tierra de los 90. Esto siempre abarata costes sino que se lo pregunten a Masters del Universo de la Cannon que tuvieron que abandonar el planeta imaginario de Eternia para situar la acción en la Tierra.


Con el paso del tiempo, como espectador, uno se va cerciorando que cuando se han sufrido diferencias creativas entre realizador y estudio, por ejemplo en pelis como Los Cuatro Fantásticos (2015); las chapuzas en el proceso de montaje son épicas. Y así sucede en el montaje de Hellraiser IV, ya que el prescindir de su director inicial, eliminar escenas ya filmadas y sudar de casi todo el guión original percibimos cortes bruscos, sobre todo en las muertes, escenas de cinco segundos y fundidos a negro a toda castaña.



Otro aspecto atroz es su protagonista principal, Bruce Ramsay, que protagoniza al Lemarchand de turno en las tres épocas de la película. En una de sus muertes sólo le hubiera faltado sacar la lengua hacia un lado y cerrar un ojo. Sin embargo, no todo es negativo, como era de esperar Doug Bradley como Pinhead está sensacional gracias a esa voz potente y a que espeta las mejores frases del guión. También como sorpresa agradable vemos a la actriz chilena Valentina Vargas que está fantástica interpretando a la princesa de los cenobitas, Angelique. A Valentina Vargas la recordamos como aquella salvaje que desvirgó a nuestro Adso de Melk (Christian Slater) en el Nombre de la Rosa (1986). Sin duda, los personajes de Angelique y el siempre perfecto, Pinhead, lo mejor de Hellraiser IV.


Mejor muerto.
Si alguien se pasea por Youtube encontrará la mayoría de las escenas eliminadas que la productora Miramax, en un acto “demasiado” comercial, cercenó. Y es una lástima porque aunque fuera ya su cuarta parte, había mucho potencial en su guión pero como dijo su guionista en una entrevista: la película fue un aborto. Aun así, no es la peor de la saga y muchos fans acérrimos tienen el corazón dividido con Bloodline.

La secuela más conflictiva:



La película la empezó a dirigir con toda su ilusión, Kevin Yagher, un crack de los efectos especiales y de los maquillajes. Por sus manos pasaron la caracterización de Freddy en las secuelas de Pesadilla en Elm Street y el diseño de Chucky. También contaba con el apoyo incondicional de Clive Barker que veía en esta cuarta entrega una recuperación de la saga. La película seguía un guión de Peter Atkins, guionista de Hellraiser II: Hellbound y Hellraiser III: El infierno en la Tierra y culpable de los diálogos más memorables de Pinhead

Todo era fantástico hasta que llegó Dimension Films y Miramax con las tijeras tras el primer visionado. ¿El problema? Pinhead, alma mater de la saga, aparecía demasiado tarde y no lo suficiente. En la versión comercial, Pinhead aparece alrededor de la media hora. Para apresurar su presencia la productora cercenó varias escenas que podrían haber funcionado muy bien y que evitaron que la peli tuviera una cierta coherencia. Atkins, que escribió seis borradores del guión, defendió al director Kevin Yagher porque el hecho de que Pinhead apareciera tarde era simplemente porque así lo decía el guión.



Kevin Yagher acabó hasta las pelotas y tuvo que decidir si tirarse un año más rodando Hellraiser por las exigencias de Miramax o seguir con su vida profesional. Finalmente, se fue del set de rodaje con 110 minutos filmados. La versión final quedó en 85 minutos. Recalcaba Kevin Yagher que sobre todo la parte final no representaba su visión de la película y por eso se abstuvo de aparecer en los créditos. El mismo Doug Bradley declaró que los primeros 20 minutos de esta cinta eran quizá los más potentes de la saga a sabiendas que ni su personaje aparecía. Entonces se fichó a Joe Chappelle para la silla del director, que venía de dirigir Halloween 6 (1995) con horrendo éxito y al guionista de Candyman 2, Rand Ravich. Menuda dupla. 



Su función fue rodar y escribir nuevas escenas para potenciar el personaje de Pinhead en pantalla. Doug Bradley dijo que no se sorprendió cuando tuvo que volver al set para rodar nuevas escenas con el nuevo director. Afirmó que fue un rodaje caótico y que aparte del limitado presupuesto y del escueto tiempo de rodaje, se añadieron incendios, inundaciones, huelgas y cuatro directores diferentes de fotografía. Hasta el único niño que aparece en la peli cogió varicela alargando más la producción.
Finalmente Chappelle acabó también harto y renunció a la película pactando con el estudio que no apareciera en los créditos. La película empezó a filmarse en agosto del 1994 para estrenarse en enero del 1995 y al final lo hizo en marzo del 1996.


Con ese rostro el niño podría haber seguido el linaje del terror.
Cenobitas:

Son aquellos humanos captados por Pinhead (que también fue humano) con la función de proteger el reino del averno y ofrecer placeres prohibidos a quiénes usan la caja mágica. Estos individuos llegan a cenobitas mediante mutilaciones y heridas abiertas y su aspecto hace referencia a algún recuerdo terrenal. Como decía Barker, los cenobitas desprenden un glamour repulsivo.



Es curioso porque esta secuela nos invita a la reflexión de que el famoso Pinhead no fue el primer cenobita sino Angelique, a la que se menciona como la princesa del infierno. Y las fechas cuadran ya que Angelique fue llamada en el siglo XVIII y el antes Pinhead, el capitán Elliot Spenser, manipula el cubo en el 1921. Además según la mitología Hellraiser, Angelique es la hija de Leviatán creador de ese infierno donde habitan los cenobitas.



Si no erro estrepitosamente, Leviatán se deja ver en la segunda Hellraiser: Hellbound (1988) y se nos muestra en forma de rombo. Este singular linaje deja a Pinhead como un mero empleado aunque su carisma es innegable y en esta cuarta entrega nos muestra como es el favorito de Leviatán en detrimento de Angelique.



Para un servidor, en Hellraiser IV: Bloodline encuentro a dos de mis tres cenobitas favoritos de toda la saga. El primero por su espectacularidad, mejor os lo muestro.



Y el otro cenobita ideal, es la mismísima Angelique tanto por su peso narrativo en la cinta como en la espectacularidad de su maquillaje y sus prótesis.  Por cierto, un maquillaje supervisado por Stephen Norrington, director de Blade (1998). El autor de la confección del maquillaje de Angelique, un tal Gary Tunnicliffe, dice que se inspiró en el diseño viendo a Whoopi Goldberg en Sister Act. ¡Ja¡



Además de Angelique y los gemelos, a nuestro líder Pinhead le acompaña una especie de cánido como novedad, donde su diseño y su castañeo está conseguido pero su desplazamiento por los escenarios está limitado a un sprint a pie del camarógrafo dando a entender que el hacer correr a un animatronic podría haber sido la ruina de la productora.


¿Muerde?
El origen de la caja:

Según el guión original de Peter Atkins (y la peli), la caja fue un encargo para el juguetero Phillip Lemarchand en pleno año 1784. Es más, entre los muchos nombres que posee la caja, hallamos el de “La configuración de Lemarchand”. Lemarchand inventa la caja de tal forma que de manera autómata reproduce los mismos movimientos que vemos en la saga Hellraiser. Pero esta vez al manipularla no hay ganchos, ni muertes ni cenobitas sino que podría haber colado como un indefenso juguete de Fisher Price. Según Lemarchand el cubo supera las leyes de la geometría física y todo esto lo afirma mientras su mujer se ríe de él porque el cubo no hace nada más.



¿Por quién fue encargada la caja? Fue encargada por el aristócrata y nigromante Duque de l’Isle a orden de la primer cenobita Angelique. Según el guión y no la peli, antes del encargo, Angelique fue invocada por el duque mediante un rito de magia negra a través de un pentáculo. Entonces Angelique pide al Duque de l’Isle que encargue esta caja para hechizarla con el fin de prescindir del pentáculo y así obtener una autonomía de entrada y salida de los infiernos. (En la película Angelique es invocada ya con la ayuda de la caja y no a través del pentáculo).


El famoso pentáculo.
Aquí nos hallamos en la tesitura de que existían dos tipos de entrada al mundo de Pinhead: El cubo y la magia negra del Duque de l’Isle. Sólo el duque y su mayordomo, un tal Jacques (Adam Scott en el film), conocen como llamar a los infiernos pero mueren dejando la caja como un único sistema de llamada o apertura a los infiernos.


Duque de L'Isle y Jacques.
Libre interpretación del guión:

La película iba a seguir un orden cronológico sin el uso de flashbacks (pasado, presente y futuro) pero el guión de Atkins fue bailado por las productoras de manera que muchas escenas fueron eliminadas antes de la huida de su director. Sobre todo cuando la acción se situaba en el origen del cubo, en la Francia del siglo XVIII.



Por ejemplo en una de las escenas eliminadas, Angelique incita a ocho invitados a que jueguen con el cubo de manera que si consiguen algún movimiento, ella les recompensará despojándose de una pieza de ropa. Cuando a Angelique se va a quitar el (último) corsé, se transforma en un demonio, se cae un candelabro transformándose en una especie de arácnido y con sus patas se ventila a los ocho invitados transformándolos en cenobitas. Más tarde en otra escena eliminada, en una celebración, estos cenobitas invitados acaban asesinando al juguetero Lemarchand cuando le dice a Angelique que ha creado una “anticaja” (Elysium). Es más, en las fotos promocionales del film aparecen momentos de esta escena que ni siquiera aparecieron en la versión comercial.




También se cargaron otra escena que podía haber sido muy emblemática. La secuencia trata sobre la aparición de unos cenobitas acróbatas (arlequines y payasos), estilo circense, que secuestran al amigo cirujano de Lemarchand, un tal August y lo arrojan al estómago del infierno. En la película, este August aparece menos de un minuto y medio y es quién aconseja a Lemarchand que elabore un “anticubo” o “anticaja”.


August, el amiguete.
Pero sin duda donde se marca más la diferencia entre productora y guión es en la conclusión del film, donde la secuencia se sitúa en el espacio. En la peli, el descendiente de Lemarchant, Paul Merchant, hace estallar la estación Minos y se salva junto a la chica gracias a la huida por una especie de vaina espacial. En el guión, Pinhead y Merchant tienen un combate épico y Merchant hace detonar la estación espacial con Pinhead, Angelique, el perro cenobita y él mismo dentro. Como podéis observar el guión nos daba un final heroico y finalizaba el ciclo. Además el último descendiente del linaje juguetero nos regalaba un “Bienvenidos al olvido” antes de morir.


Curiosidades:

Un Guillermo del Toro primerizo casi cae en las redes de rodar esta secuela. También estuvo a punto de hacerla Stuart Gordon (Re-Animator).

La actriz Christine Harnos y Bruce Ramsay son marido y mujer en la realidad. También aparece el actor Adam Scott en uno de sus primeros papeles para el cine y donde actualmente lo vemos afincado en películas como La vida secreta de Walter Mitty, Lío embarazoso o Krampus (2015).



Los gemelos guardias de seguridad son interpretados por Jimmy y David Schuelke pero cuando son transformados en cenobitas, son los gemelos Michael y Mark Polish quién ocupan ese personaje.



La actriz Kim Myers que interpreta a la mujer de Lemarchant en la época del 1996, la vimos también en otra saga de terror como es Pesadilla en Elm Street II (1985).



En el 1996, el actor Doug Bradley (Pinhead) se alzó con el premio al mejor actor en el festival italiano Fantafestival por esta peli, Hellraiser IV: Bloodline.



Un abrazo!