domingo, 2 de octubre de 2011

127 horas y Aron Ralston

Hará solo nueve años ocurrió una historia que conmocionó América; y el director Danny Boyle (Trainspotting, Slumdog millionaire) con la película “127 horas”(2010) interpretada por el infumable y presentador de los oscars James Franco (Spiderman, El origen del Planeta de los simios) , plasmó y acercó perfectamente al resto del mundo la emocionante y desgraciada aventura del joven alpinista de 27 años,  Aron Ralston.
Dicen que la primera proyección de “127 horas” al público ocasionó media docena de desmayos pero es mucho más crudo el reportaje hecho por el mismo escalador meses después; “Días de desesperación en Blue John Canyon” se llama el reportaje.
Aron Ralston atrapado  

Este buen hombre cometió la torpeza de no comentar a ningún ser vivo a donde se dirigía esa fatídica mañana, y  en ese mismo instante se lanzó a la aventura por los laberínticos cañones que hay en Utah; solamente equipado con una cantimplora, una videocámara, una navaja multiusos de imitación que no servía ni para cortar el pan y dos burritos.
Pero en una de sus bajadas pasó lo siguiente…


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Así es, cayó por una grieta del cañón acompañado de una piedra que le aplastó el brazo literalmente quedando atrapado; y  lo que Aron no sabía es que para levantar esa roca se necesitaban trece tíos y una grúa. Lo primero que pensó fue en racionar el agua de la cantimplora y rascar la roca con su navaja desafilada pero para ello necesitaba un tiempo que no tenía. El chico se pasó seis días atrapado en la roca, perdió 20 kg y gracias a un sistema de poleas que realizó pudo descansar las piernas pero no dormir, ya que el frío se lo impedía y para mantenerse caliente tenía que seguir rascando… su mortal roca.
Al estar tanto tiempo sin dormir, sufría alucinaciones pero lo peor fue que al terminar las últimas gotas de su cantimplora tuvo que tomar una opción de urgencia…beber su propia orina. Aron ya se veía atrapado hasta su muerte en aquella grieta y derrumbado, sin agua y sin esperanza alguna, escribió su propio epitafio en la pared de su tumba rocosa y grabó su despedida con su videocámara.

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El protagonista seis meses después se emociona cuando ve escrita la fecha de su muerte en el cañón.

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Una de las historias curiosas de este suceso, es la aparición del vuelo de un cuervo a la misma hora durante los  cinco días que estuvo en la grieta pero en el sexto día no apareció; era como si el mismo cuervo, símbolo de la muerte, supiera que ese sexto día sería el último día que estuviera Adam en ese cañón.
Y ese sexto día decidió hacer realidad su última opción.  
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Pero aún no se había acabado todo después tuvo que bajar en rappel una pared de seis pisos de altura y caminar once kilómetros para llegar a su camioneta pero la suerte le acompañó y se encontró una familia de holandeses por la zona y volvió a vencer la muerte.